Al revés de lo que se sostiene, en América Latina
no ha ocurrido un "viraje hacia la izquierda" entendida como
el fidelismo o el chavismo, sino por el contrario, que sectores
hasta hace poco ubicados en esas coordenadas, se desplazaron
hacia la racionalidad y la comprensión cabal de las exigencias
estructurales de la sociedad.
En reciente documento de la OIT, se destaca el crecimiento
económico positivo y la reducción del desempleo
en la región. Esto se debe a las reformas económicas
de los ochentas -denunciadas en aquel momento por los que
luego las aplicaron - y a su mantenimiento por los diversos
gobiernos del área, particularmente por izquierdistas
como Lula, Bachelet, Torrijos, Kirchner, Toledo, ahora García
y Ortega.
Es la izquierda, por el contrario, la que se ha desplazado
hacia la profundización de la democracia y la disciplina
macroeconómica y no el continente hacia la izquierda.
Es el renacimiento de la socialdemocracia liderizada por Lula,
mientras viejos partidos de ese membrete desaparecen como
terodáctilos. Recoge así la nueva política
el legado de Deng Xiaoping y Felipe González, los primeros
socialistas en entender que "el mercado no pertenece al capitalismo.
Es un patrimonio de la humanidad", como dijera una vez el
líder chino. Por eso el mal llamado "socialismo del siglo
XXl" anunciado por Chávez, no es más que la misma
y anacrónica sed insaciable de poder, autoritarismo con
malderrabia del que tanto hemos visto por aquí.
Copiado de las las fatídicas experiencias de Juan José
Torres, Velasco Alvarado, Perón, Vargas, Torrijos padre,
tiene un desagradable tufo a muerte, latrocinio y tragedia
nacional.
La demencia
Un Estado propietario de mas del 90% del ingreso en
divisas y de la mitad de la actividad económica, es decir
de antemano socialista en el viejo y peor sentido de la palabra,
que debería explicar su enorme derroche, quiere "profundizar
la revolución" expropiando empresas telefónicas, eléctricas,
capitales extranjeros y locales, RCTV y después otros medios
de comunicación. Con eso anuncia en acto de demencia e
irresponsabilidad histórica, una hecatombe económica
que costará miseria, desempleo, devaluación, inflación
y degradación humana.
¿Después caerán las peluquerías, abastos,
lavanderías y viviendas? El alto porcentaje que votó
por Chávez no lo hizo para que resucitara un Lázaro
comunistoide, sino porque le permitió ira al Sambil,
comprarse un carro, comer en restaurantes e ingresar al consumo.
Salvo en Venezuela y Bolivia, en Latinoamérica desaparece
la dolorosa y cruenta impronta de Fidel Castro, sustituida
por la ortodoxia democrática de un obrero metalúrgico
casi analfabeto conocido como Lula.
carlosraulhernandez@gmail.com