No hemos logrado asegurar cuan cierto puede ser que el comando
de Manuel Rosales esté analizando el convocar a un referendo
para disminuir la edad de votar de 18 a 16 años y al
mismo tiempo otorgar el derecho a voto a todos los menores
de 16 años, para que éste sea ejercido por su madre
o, en su ausencia, por su padre, abuela, hermana o hermano
mayor de 16. No obstante, de lograr implementar tales reformas
constitucionales junto al programa de "Mi Negra", estamos
seguros que Venezuela se colocaría a la vanguardia de
las democracias del siglo XXI.
Cada vez que vemos por televisión a una madre pobre
contándonos desesperada cómo ha sido defraudada
por enésima vez por los políticos, es evidencia
de que su voz y voto no cuentan para mucho. Si esa madre,
en lugar de hablar por sí sola, hablase en nombre de
los votos de sus hijos, su voz tendría más poder.
Siendo los jóvenes los que más tiempo habrán
de agradecer o padecer lo que hagan o no hagan los gobiernos,
la verdad es que ellos, por principio, no solamente deberían
tener voto, sino quizás hasta más votos que los
adultos. En algunos países, especialmente aquellos que
demográficamente se encuentran en vías de convertirse
en unas dictaduras de viejos, la falta de representación
de la juventud puede tener serias consecuencias.
En el mundo vemos cómo cada día reina más
el interés en el corto-plazo y ya, por ejemplo, hasta
oímos hablar de una contabilidad en tiempo real, mientras
que los problemas, que se perciben como a más largo plazo,
tales como la protección del ambiente, se acumulan como
monte por doquier. El asignar representatividad a los intereses
de un recién nacido, puede ser la manera más efectiva
para recordarle a los electores que también existen a
quienes les interesa lo que pueda pasar de aquí a ochenta
años.
Por cuanto la democracia es ante nada un sistema que busca
igualar las oportunidades, en un país petrolero, como
el nuestro, necesariamente debe venir acompañada de una
"Mi Negra". En Venezuela, hemos podido comprobar, durante
más de cien años, que resulta imposible construir
una verdadera democracia montados sobre un sistema, donde
las riquezas petroleras le llegan directamente a la tesorería
del Estado. Es por ello que necesitamos repartir primero
los ingresos del petróleo entre todos los ciudadanos,
para luego votar sobre cuánto impuesto nos van a cobrar,
aprobarles en qué van a usar tales impuestos y saber
quiénes serán los responsables de su uso correcto.
Por cierto, y para que se den cuenta de la importancia del
concepto de "Mi Negra", ya en algunos "think tanks" de Washington
se analiza la posibilidad de copiarse la idea para llevarla
a Irak. Si cada ciudadano de Irak, independientemente de que
sea sunita, chiíta o kurdo, recibiese unos miles de dólares,
en efectivo, al año por su petróleo se estaría
construyendo un ejército de mercenarios por la paz.
kurowski@telcel.net.ve