El agobio de los factores sociopolíticos que contribuyeron
a marcar el triunfo electoral del actual gobierno, ha hecho
real crisis. Su impacto en la población y en el funcionamiento
de las instituciones públicas, ha devenido en una confusión
que no tiene parangón en el trazado de la historia política
contemporánea. La institucionalización de la democracia
ha entrado en una fase crítica cuya fuerza ha incitado
la descomposición de eximias instituciones, así
como el resquebrajamiento de valores cívicos, en medio
de una forzada anulación de derechos humanos fundamentales.
Este peligroso deterioro, ha dado lugar a cuestionables comportamientos
instados por el gobierno nacional, con base en aporreados
criterios de intrincada operatividad, dirigidos a usurpar
espacios de poder político. Así, podría irse
mellando la democracia en confabulación con actores foráneos
cuya labor ha apuntado a mermar la posibilidad de estimular
propuestas y alternativas institucionales que permitan, nuevamente,
el restablecimiento de la salud democrática nacional
y fortalecimiento del Estado de Derecho
Precisamente, ante lo que significa actuar con denodada insidia,
en aras de obstruir la democratización del sistema político,
los altos mandos del Gobierno nacional se han dado a la infortunada
tarea de ofrecerle al país, en todo horario, los más
variados actos de circo inspirados en la mal llamada "revolución".
De esta forma, los espectáculos se apegan al desordenado
esquema de gobierno por el cual se anima no solo toda conmoción,
sino también el odio, la falsedad y la mezquindad. Tanto
que, bajo esa carpa nadie ríe. Solo se llora y se sufre
pues es la intención declarada de estos actores de teatro
negro reunidos por ahora en este repulsivo circo
"revolución".
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