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ELECCIONES // Una bofetada de la ciudadanía responsable frente a la crisis
Carlos Blanco // Cuando la gente se pone brava

Si bien es cierto que la abstención como fenómeno electoral es alta en comicios municipales, no es menos cierto que el impacto de la misma debe llamar a la reflexión tanto al Gobierno como a la oposición.

La abstencion fulminante dejó en el sitio al gobierno, a los dirigentes políticos que se desgañitaron con el llamado a votar, a las encuestadoras que predijeron votaciones altísimas y a todos los que pensaron que señalando como bobos a los abstencionistas los presionarían para ir a las urnas.

El coro oficial, integrado por próceres del régimen y algunos de la oposición, hace un esfuerzo denodado por demostrar que la abstención carece del colosal impacto político que tiene. Son ellos, precisamente, quienes le proporcionaron buena parte de su significado: Chávez hasta el propio domingo, violando una vez más la ley, hizo campaña y precisó la importancia que para su régimen tenía la concurrencia electoral; varios dirigentes partidistas se cansaron de llamar a votar y le indicaron a la sociedad democrática, mediante un inaceptable chantaje, que no hacerlo era favorecer al Gobierno.

Pese a todo, la abstención se ha convertido en un hecho político fundamental, independientemente de la "Operación  Revlon " que pretende maquillar los resultados. Los ciudadanos comunes y corrientes saben lo que ocurrió; saben por sus amigos, familiares, vecinos y por el espectáculo de la calle, que la presencia fue mínima en los centros de votación. Además, hay otros testigos de excepción: los militares; incluidos los milicianos de la fuerza especial del gobierno. Ellos vieron la ausencia y el silencio.

Pueden intentar el maquillaje o, tal vez, traten de minimizar su impacto; pero la contundencia de la manifestación ciudadana no la pueden borrar. Incurrirán en la idiotez de asegurar que como en el pasado hubo una alta abstención, la de ahora no es sino una prolongación de las vacaciones en la playa de los remisos de antaño. Podrida mentira. Lo que ocurrió el domingo es una expresión de una descomunal reacción cívica; ha sido la conciencia ciudadana en acción que, como dijo ayer Armando Durán, no fue dirigida por ningún grupo o líder sino que fue una vasta coincidencia civil. Ciudadanos con conciencia y sin dueños.

Como ahora se ve, no votar no era una acción "cómoda", sin repercusiones, como argumentaban los críticos de la abstención. Fue, por el contrario, un hecho de inmensas consecuencias; la sociedad civil, sin una dirección reconocida, se enfrentó a todo el sistema político oficial, tanto del gobierno como de la oposición electoral. Es seguro que entre los abstencionistas están los que se hicieron al margen por razones no políticas; sin embargo, dados los dilemas que le colocaron al electorado el gobierno y los sectores oposición que procuraban la participación, sin duda que la porción sustancial de esa abstención es de carácter crítico hacia el sistema político.

El régimen sabe que está sufriendo de una creciente deslegitimación que le corroe las bases y las entrañas; ya la sociedad mordió que a Chávez se le derrota por los flancos, como lo hacen las guerrillas que el caudillo adora. Por allí va la cosa, por los lados, por las rodillas y los tobillos, mientras el gobierno se ahoga en su pestilente ineficiencia.

Los partidos, en especial los que dieron una insólita y reciente rueda de prensa indicándole a los ciudadanos que deberían dejar " los lamentos ", y los que andan en planes de candidaturas no harían mal en aprestarse, aunque fuera por una vez, a analizar cómo y por qué la sociedad democrática los repudia. No son los ciudadanos radicalizados, no son los articulistas ni periodistas, no son los medios de comunicación los responsables de su tragedia: son ellos y, ni siquiera, lo advierten.

No estaría mal que varias encuestadoras disminuyeran su prepotencia adivinatoria ante el fracaso también por ellas obtenido y consideraran, por una vez, que el temor y la represión en una sociedad regida por el autoritarismo crean distorsiones que, hasta ahora, han despreciado en sus prácticas esotéricas.
Finalmente, en este escenario sobresale Súmate, cuya lucha por elecciones limpias, librada con claridad y coraje, es estímulo para seguir bregando porque algún día vuelva a valer la pena votar.
Mientras tanto, ¿no pensará la colección de cínicos del CNE, esos que inventaron los 500 mil fantasmas votando en una de sus ilegales prórrogas, que su única contribución viable ahora es renunciar ?
carlosblancog@cantv.net



 
 
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