La abstencion fulminante dejó en el sitio al gobierno,
a los dirigentes políticos que se desgañitaron con
el llamado a votar, a las encuestadoras que predijeron votaciones
altísimas y a todos los que pensaron que señalando
como bobos a los abstencionistas los presionarían para
ir a las urnas.
El coro oficial, integrado por próceres del régimen
y algunos de la oposición, hace un esfuerzo denodado
por demostrar que la abstención carece del colosal impacto
político que tiene. Son ellos, precisamente, quienes
le proporcionaron buena parte de su significado: Chávez
hasta el propio domingo, violando una vez más la ley,
hizo campaña y precisó la importancia que para su
régimen tenía la concurrencia electoral; varios
dirigentes partidistas se cansaron de llamar a votar y le
indicaron a la sociedad democrática, mediante un inaceptable
chantaje, que no hacerlo era favorecer al Gobierno.
Pese a todo, la abstención se ha convertido en un hecho
político fundamental, independientemente de la "Operación
Revlon " que pretende maquillar los resultados. Los ciudadanos
comunes y corrientes saben lo que ocurrió; saben por
sus amigos, familiares, vecinos y por el espectáculo
de la calle, que la presencia fue mínima en los centros
de votación. Además, hay otros testigos de excepción:
los militares; incluidos los milicianos de la fuerza especial
del gobierno. Ellos vieron la ausencia y el silencio.
Pueden intentar el maquillaje o, tal vez, traten de minimizar
su impacto; pero la contundencia de la manifestación
ciudadana no la pueden borrar. Incurrirán en la idiotez
de asegurar que como en el pasado hubo una alta abstención,
la de ahora no es sino una prolongación de las vacaciones
en la playa de los remisos de antaño. Podrida mentira.
Lo que ocurrió el domingo es una expresión de una
descomunal reacción cívica; ha sido la conciencia
ciudadana en acción que, como dijo ayer Armando Durán,
no fue dirigida por ningún grupo o líder sino que
fue una vasta coincidencia civil. Ciudadanos con conciencia
y sin dueños.
Como ahora se ve, no votar no era una acción "cómoda",
sin repercusiones, como argumentaban los críticos de
la abstención. Fue, por el contrario, un hecho de inmensas
consecuencias; la sociedad civil, sin una dirección reconocida,
se enfrentó a todo el sistema político oficial,
tanto del gobierno como de la oposición electoral. Es
seguro que entre los abstencionistas están los que se
hicieron al margen por razones no políticas; sin embargo,
dados los dilemas que le colocaron al electorado el gobierno
y los sectores oposición que procuraban la participación,
sin duda que la porción sustancial de esa abstención
es de carácter crítico hacia el sistema político.
El régimen sabe que está sufriendo de una creciente
deslegitimación que le corroe las bases y las entrañas;
ya la sociedad mordió que a Chávez se le derrota
por los flancos, como lo hacen las guerrillas que el caudillo
adora. Por allí va la cosa, por los lados, por las rodillas
y los tobillos, mientras el gobierno se ahoga en su pestilente
ineficiencia.
Los partidos, en especial los que dieron una insólita
y reciente rueda de prensa indicándole a los ciudadanos
que deberían dejar " los lamentos ", y los que andan
en planes de candidaturas no harían mal en aprestarse,
aunque fuera por una vez, a analizar cómo y por qué
la sociedad democrática los repudia. No son los ciudadanos
radicalizados, no son los articulistas ni periodistas, no
son los medios de comunicación los responsables de su
tragedia: son ellos y, ni siquiera, lo advierten.
No estaría mal que varias encuestadoras disminuyeran
su prepotencia adivinatoria ante el fracaso también por
ellas obtenido y consideraran, por una vez, que el temor y
la represión en una sociedad regida por el autoritarismo
crean distorsiones que, hasta ahora, han despreciado en sus
prácticas esotéricas.
Finalmente, en este escenario sobresale Súmate, cuya
lucha por elecciones limpias, librada con claridad y coraje,
es estímulo para seguir bregando porque algún día
vuelva a valer la pena votar.
Mientras tanto, ¿no pensará la colección de
cínicos del CNE, esos que inventaron los 500 mil fantasmas
votando en una de sus ilegales prórrogas, que su única
contribución viable ahora es renunciar ?
carlosblancog@cantv.net