REZA EL DICHO ESPAÑOL que el hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. Si extendemos el dicho, podríamos decir que los recientes gobiernos venezolanos son los únicos que se tropiezan varias veces con las mismas piedras. Esta ha sido al menos la experiencia con los extraordinarios auges en los precios del petróleo. Lo anterior viene a colación a raíz de algunas preguntas que mucha gente se hace ante el nivel que han alcanzado los precios del crudo, el cual ya rompió el récord de los últimos veinticinco años: ¿Será suficiente este incremento para superar nuestros principales problemas económicos? Si los precios del petróleo se mantuviesen en los niveles actuales, ¿podríamos alcanzar un crecimiento económico sostenido, con una reducción importante del desempleo, la informalidad y por ende, de la pobreza?
LAMENTABLEMENTE, LA RESPUESTA ES NO. ¿Por qué? Por una simple razón: porque ya el gobierno gasta mucho más de los que recibe en medio de este chorro de dólares. Es por ello que viene incurriendo en enormes déficit fiscales. Es por ello que el gobierno necesita seguir devaluando y extender el Impuesto al Débito Bancario, el cual se supone que era transitorio a raíz de la caída temporal en los precios del petróleo que produjeron los ataques terroristas en Nueva York en 2001; también necesita exigir al BCV más utilidades cambiarias, poniendo a funcionar la maquinita de hacer dinero; necesita emitir más deuda y probablemente, aumentar el precio de la gasolina, como ya lo discuten públicamente algunos voceros del gobierno.
En segundo lugar, porque si se levantase el control de cambio, se perderían de manera rápida las reservas internacionales que se han acumulado a raíz del control de cambios. Ello ocurriría porque el gobierno ha sido absolutamente incapaz de recuperar la confianza de los inversionistas, más allá de eventos mediáticos repetidos y tediosos. La verdad es que salvo hechos aislados, todavía la inversión privada no se recupera y de eliminarse el control de cambios, con el bajo nivel actual de las tasas de interés, no se podría evitar una enorme fuga de capitales. Ello obligaría al BCV a subir las tasas de interés significativamente, con lo cual se ahogaría todo esfuerzo de recuperación económica y además, se deteriorarían aún más las cuentas fiscales por el impacto que ello tendría en el costo de la deuda interna. Por el contrario, llama la atención que el incremento de las reservas internacionales se haya estancado desde hace varios meses y éstas se encuentran por debajo del nivel que habían alcanzado a fines de 2003. Ni la operación de recompra de la deuda de Pdvsa justifica esta insólita evolución de las reservas en el contexto actual de precios del petróleo.
EN TERCER LUGAR, ante el desbordamiento del gasto público y su impacto monetario, ahora al gobierno no le queda otra alternativa que jugar a una fuerte apreciación cambiaria en términos reales, ya que no tiene otra ancla para bajar la inflación en forma sostenible y creíble a mediano plazo. Ya el bolívar acumula una apreciación real cercana al 30%. Ello limitará el crecimiento a la vuelta de la esquina y no será sostenible cuando los precios del crudo se moderen. Ni que decir del desempleo y la informalidad. Estos indicadores no muestran recuperación significativa, a pesar de que ya llevamos cinco años de elevados precios del crudo. Sólo medidas artificiales de controles y de una supuesta inamovilidad laboral. Sólo repiten esquemas que ya fracasaron repetida y estruendosamente varias veces en los últimos 25 años. No tienen ni siquiera imaginación. ¡Otro que tropezó con las mismas piedras!