EL CNE PUEDE CONDUCIR unas elecciones transparentes y libres
de acusaciones de fraude, pero no lo hizo en el revocatorio
y aparentemente tampoco prevé hacerlo en los venideros
comicios regionales. Todo lo que tiene que hacer es cumplir
la Ley Electoral y facilitar la votación a los electores.
Esto es lo que el CNE pudo haber hecho en el RR y podría
hacer en las elecciones regionales:
Se pueden contar y certificar las papeletas en cada centro
de votación a plena vista de los funcionarios electorales,
los partidos participantes, los observadores oficiales y los
electores de ese centro que deseen estar presentes en estos
procesos. Al día siguiente de las elecciones, se pueden
contar de nuevo las papeletas en su totalidad o mediante una
auditoría con una muestra aleatoria, en la medida en
que los actores legítimos de las elecciones lo necesiten
o exijan.
El conteo electrónico puede servir como cálculo
preliminar, supeditado al conteo de las papeletas, que es
definitivo. El hardware y el software de las máquinas
electrónicas pueden ser sometidos a inspección
y auditorías abiertas antes y después de las elecciones.
Las normas que rijan la observación de las elecciones
pueden abrir todo el proceso a una genuina observación.
Se pueden suministrar las normas para el registro de los
votantes, el cronograma de los comicios y el proceso electoral
a todos los partidos, votantes y observadores antes de las
elecciones, sin alterarlos a mitad de camino, salvo por
acuerdo mutuo. El control básico del proceso el día
de las elecciones puede regresar a los centros de votación
y a la participación abierta de los ciudadanos, en
lugar de centralizar el control en las máquinas electrónicas
del CNE y los trabajadores que las operan fuera de vista
del público.
El CNE era capaz de conducir un RR totalmente transparente,
pero no lo hizo. Al no contar las papeletas y favorecer
un conteo electrónico totalmente bajo su control,
el CNE no fue transparente. Cuando las encuestas a boca
de urna y el análisis estadístico arrojaron
dudas sobre su conteo de votos, el organismo electoral
se rehusó a hacer un recuento con las papeletas para
asegurar a los votantes que sus resultados eran exactos.
Esta ausencia de integridad en el proceso electoral genera
cinismo de parte del elector, puede conducir a abstencionismo
en los comicios regionales y restar legitimidad a los
candidatos elegidos. El CNE no está haciendo su trabajo.
Fracasó, y de manera miserable.
mrowan@cantv.net
Traducción José Peralta