SI EL CNE reescribiera la más célebre declaración
a favor de la democracia, contenida en la declaración de
independencia de EEUU ("Todos los hombres son iguales y, para
asegurar sus derechos, los gobiernos han sido instaurados entre
los hombres, derivando sus legítimos poderes del consentimiento
de los gobernados"), ésta pudiera quedar así: "Algunos
hombres son más iguales que otros y, para asegurar esta
desigualdad, los gobiernos han sido instaurados entre los hombres,
derivando sus legítimos poderes del mando del gobierno".
Así se eliminaría cualquier duda razonable sobre
lo ocurrido en el RR: Uno, que el CNE no contó las papeletas.
Dos, no auditó una muestra realmente aleatoria de los
votos en presencia de representantes de la oposición
y observadores. Tres, no reveló el sistema de cómputo
de los votos a los observadores, por lo que en realidad no
pudieron observar la elección. Independientemente del
resultado, el CNE destruyó su legitimidad institucional.
No contó los votos en papel. No hizo su trabajo. Todo
fue una farsa, pero lo sorprendente es que funcionó.
"Nunca conoceremos los resultados del referendo", dijo
Jennifer McCoy, del Centro Carter, en una reunión del
Diálogo Interamericano en Washington el 7 de septiembre.
Señaló que el CNE es disfuncional, presenta fallas
y es poco confiable, pero el Centro Carter de todas formas
avaló los resultados del CNE porque "no hay forma de
probar que el Sí obtuvo 50%":, indicó McCoy. Este
es un razonamiento lógico interesante: no sabemos cuál
fue la votación porque no se nos permitió verla,
así que certificamos los resultados del CNE, porque
nadie puede probar que no sean ciertos. Entonces, ¿por
qué no darle al No 99% de los votos, la misma ci fra
obtenida por Castro en su última elección?
En Internet circula un chiste: un colaborador se acerca
a Juan Vicente Gómez con una idea brillante: "Hagamos
unas elecciones". "¿Quién ganaría?", pregunta
Gómez. "Por supuesto que usted". Gómez piensa
y dice: "¿Para qué hacerla, entonces?". Exacto:
para qué hacerla. La idea del referendo era hallar
una "solución constitucional, democrática y
electoral a la crisis" esto se dijo mil veces. El referendo
no fue una elección democrática. El CNE no es
un organismo electoral. No fue el "consentimiento de los
gobernados", sino el "mando del gobierno" lo que se midió
en el referendo. La democracia es un zombie en Venezuela:
está muerta y enterrada, pero aún deambula por
allí, aturdida.
mrowan@cantv.net
Traducción José Peralta