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Michael Rowan // Mando sin consentimiento


SI EL CNE reescribiera la más célebre declaración a favor de la democracia, contenida en la declaración de independencia de EEUU ("Todos los hombres son iguales y, para asegurar sus derechos, los gobiernos han sido instaurados entre los hombres, derivando sus legítimos poderes del consentimiento de los gobernados"), ésta pudiera quedar así: "Algunos hombres son más iguales que otros y, para asegurar esta desigualdad, los gobiernos han sido instaurados entre los hombres, derivando sus legítimos poderes del mando del gobierno".

Así se eliminaría cualquier duda razonable sobre lo ocurrido en el RR: Uno, que el CNE no contó las papeletas. Dos, no auditó una muestra realmente aleatoria de los votos en presencia de representantes de la oposición y observadores. Tres, no reveló el sistema de cómputo de los votos a los observadores, por lo que en realidad no pudieron observar la elección. Independientemente del resultado, el CNE destruyó su legitimidad institucional. No contó los votos en papel. No hizo su trabajo. Todo fue una farsa, pero lo sorprendente es que funcionó.

"Nunca conoceremos los resultados del referendo", dijo Jennifer McCoy, del Centro Carter, en una reunión del Diálogo Interamericano en Washington el 7 de septiembre. Señaló que el CNE es disfuncional, presenta fallas y es poco confiable, pero el Centro Carter de todas formas avaló los resultados del CNE porque "no hay forma de probar que el Sí obtuvo 50%":, indicó McCoy. Este es un razonamiento lógico interesante: no sabemos cuál fue la votación porque no se nos permitió verla, así que certificamos los resultados del CNE, porque nadie puede probar que no sean ciertos. Entonces, ¿por qué no darle al No 99% de los votos, la misma ci fra obtenida por Castro en su última elección?

En Internet circula un chiste: un colaborador se acerca a Juan Vicente Gómez con una idea brillante: "Hagamos unas elecciones". "¿Quién ganaría?", pregunta Gómez. "Por supuesto que usted". Gómez piensa y dice: "¿Para qué hacerla, entonces?". Exacto: para qué hacerla. La idea del referendo era hallar una "solución constitucional, democrática y electoral a la crisis" esto se dijo mil veces. El referendo no fue una elección democrática. El CNE no es un organismo electoral. No fue el "consentimiento de los gobernados", sino el "mando del gobierno" lo que se midió en el referendo. La democracia es un zombie en Venezuela: está muerta y enterrada, pero aún deambula por allí, aturdida.

mrowan@cantv.net

Traducción José Peralta




 
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