DESDE ESTAS LINEAS se ha insistido en que la
estrategia exitosa para las regionales es esa: votar, quedarse
y contar. Al margen de lo que quiera o diga el Consejo Nacional
Electoral, el derecho a un escrutinio público está
consagrado en la ley y, más aún, en la determinación
de los ciudadanos de lograrlo. Esta postura es la única
que permitirá demostrar el fraude con claridad. Porque
debe insistirse cobrarse el fraude es lo único que puede
mover a una sociedad escéptica frente al Gobierno y a los
que han fungido como sus dirigentes. El fraude es una estaca
clavada en el alma de la sociedad democrática y sólo
el desafío de contarse de verdad puede ejercer una función
movilizadora. Más que elegir a fulano o a mengano, la idea
de que la trampa es demostrable contando los votos puede provocar
un terremoto opositor.
PRESERVAR LOS ESPACIOS. Por fortuna, la
mayor parte de los sectores de oposición, especialmente
los gobernadores y alcaldes, han compartido la idea que
encabeza esta nota. Tiene la virtud de que desplaza el problema
de la "preservación de los espacios" al uso de las
elecciones regionales como vehículo central contra
el fraude cometido.
La tesis de preservar los espacios no es demasiado convincente,
según se la vea. Por supuesto que es mejor tener
a Mendoza que a Diosdado, a Rosales que a uno de los militares
que en el Zulia compiten; pero, la pregunta que hay que
hacerse es de quién son esos espacios cuya preservación
se pretende.
En no pocas oportunidades lo que se quiere salvaguardar
no es un espacio para la sociedad y para la genuina
participación ciudadana, sino para los grupos que
controlan y quieren _como suele parecer lógico_
conservar el poder en los ámbitos que gobiernan.
Es decir, no todos y no siempre admiten que los espacios
que de verdad quieren, usando cínicamente a la
sociedad democrática, es el que destinan a su operación
clientelar, regional o municipal.
La descentralización fue concebida y desarrollada
como territorio de la participación social. Ese
era su objetivo y su sentido. Sin embargo, dado el
freno que experimentó en el gobierno de Caldera
y la definitiva parálisis en el de Chávez,
ocurrieron algunas mutaciones genéticas indeseables,
que convirtieron ciertos ámbitos subnacionales
en territorios controlados, no por la ciudadanía,
sino por partidos o grupos. Es evidente en el caso
de las gobernaciones y alcaldías del Gobierno;
pero también ocurre en unas cuantas de la oposición.
Usar a la ciudadanía para preservar el espacio
que algún partido o grupo quiere conservar
no es, en todo caso, un argumento que merezca ser
compartido. En cambio, sí lo es que la participación
electoral, en las condiciones propuestas en estas
líneas, pueda servir para desmontar el fraude.
Ya vendrá el momento en el cual la ciudadanía
se reapropie de los espacios que le han sido confiscados
ante la perversión de la descentralización.
LA DIRECCION POLITICA. La
dirección de este proceso sigue muy débil.
En primer lugar, la Coordinadora ha cometido
un nuevo error al aplazar una reflexión
autocrítica. La desconfianza que la rodea
no es, como algunos badulaques estiman, por
la existencia de "analistas" (así los entrecomillan)
que los critican. Sino por una razón más
simple: se equivocaron en la estrategia; los
expertos, los que sí sabían negociar,
condujeron a esta sociedad a una catástrofe
de la cual no se repone; y los mismos, sin una
revisión de su papel, siguen tan campantes.
La CD cumplió, en distintos momentos,
un rol importante; pero así como Pedro
Carmona, Carlos Ortega, Carlos Fernández,
Juan Fernández, entre otros, experimentaron
las consecuencias de una conducción que
no obtuvo la victoria prometida, así
la CD debería aprovechar la veteranía
que la abruma, no para irse a su casa, sino
para proponerle al país un debate a fondo
sobre la naturaleza del régimen, sobre
los errores cometidos y las enmiendas necesarias.
Por cierto, una de las demostraciones más
del envejecimiento político e intelectual
de peculiares dirigentes de los partidos
opositores es achacarle a los analistas
sus propias metidas de pata. Incluso, usan
el discurso chavista que descalifica a los
que no son "nuevos" para huir del debate.
La dirección real está en manos
de los liderazgos regionales y locales,
junto a los gobernadores y alcaldes. Eso
explica la crisis en el MVR y también
las desavenencias en el campo opositor.
La unidad no será fácil de lograr;
pero, es muy probable que si se dan las
e lecciones regionales, la sociedad procure
imponerla apoyando al candidato que aparezca
con mayores posibilidades de éxito.
Sin embargo, nada de esto ocurrirá
si la oposición no genera un inmenso
movimiento de masas desde ahora, capaz
de organizar a toda la sociedad para
la confrontación que implicará
votar, quedarse y contar. Como dice
Joaquín Marta Sosa, se trata de
la creación de "un frente social
y político a favor de elecciones
con conteo manual y público inmediato
para las regionales y municipales; ese
frente debe estar formado por grupos
de todo tipo (ONG, sociedad civil, deportistas,
nacionalizados, artistas, faranduleros,
intelectuales, estrellas televisivas,
periodistas, políticos... de todos
los sectores y en todo el país);
en fin, crear una marea política
que pueda incluir grandes movilizaciones;
es decir, diríamos cuando éramos
felices e indocumentados: hacer política
de masas con esta materia crucial, porque
de que se va a las regionales se va,
eso parece fuera de discusión (al
menos según oteo el estado del
arte a la fecha de hoy)".
LA CONFRONTACION.
El proceso de denuncia del fraude
con ocasión de las elecciones
regionales requiere desde ahora un
nivel de movilización social
gigantesco. Se trata de contar votos
y, como se sabe, el régimen no
quiere esta cuenta a menos que de
verdad haya ganado, en cuyo caso tiene
una ocasión extraordinaria de
demostrarlo.
Sin embargo, hay que estar prevenidos,
las mentes perversas del régimen
ya deben estar formulando el reglamento
apropiado para que los ciudadanos
no puedan permanecer en los centros
de votación; para que el Plan
República "despeje la zona";
para que sólo los designados
por el CNE puedan presenciar los
escrutinios; para que éstos
sean en una veintena de centros
seleccionados. Es decir, la nueva
trampa debe estar en proceso de
diseño. No habrá que esperar
al 31 de octubre para saber qué
va a hacer el Gobierno; por esa
razón, si los dirigentes nacionales,
regionales y locales se constituyeran
con una sola estrategia y unificaran
una voz de mando, la batalla, como
fue con el RR, sería librada
en realidad antes de las elecciones.
Se ganaría o perdería
antes del 31 de octubre. Tal vez,
por eso, sea necesario librarla
ahora. Hay que vencer hoy en imponer
las reglas para que exista alguna
oportunidad de vencer después.
En caso de que el Gobierno amenace
creíblemente con impedir
la cuenta pública de los
votos, apelando a su control de
las instituciones legales y militares
y a sus tropas de asalto, sólo
en ese caso la abstención
podría derivar como una consecuencia
natural de la confrontación.
No antes.
carlosblancog@cantv.net