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Carlos Blanco // Tiempo de palabravotar, quedarse y contar

DESDE ESTAS LINEAS se ha insistido en que la estrategia exitosa para las regionales es esa: votar, quedarse y contar. Al margen de lo que quiera o diga el Consejo Nacional Electoral, el derecho a un escrutinio público está consagrado en la ley y, más aún, en la determinación de los ciudadanos de lograrlo. Esta postura es la única que permitirá demostrar el fraude con claridad. Porque debe insistirse cobrarse el fraude es lo único que puede mover a una sociedad escéptica frente al Gobierno y a los que han fungido como sus dirigentes. El fraude es una estaca clavada en el alma de la sociedad democrática y sólo el desafío de contarse de verdad puede ejercer una función movilizadora. Más que elegir a fulano o a mengano, la idea de que la trampa es demostrable contando los votos puede provocar un terremoto opositor.

PRESERVAR LOS ESPACIOS. Por fortuna, la mayor parte de los sectores de oposición, especialmente los gobernadores y alcaldes, han compartido la idea que encabeza esta nota. Tiene la virtud de que desplaza el problema de la "preservación de los espacios" al uso de las elecciones regionales como vehículo central contra el fraude cometido.

La tesis de preservar los espacios no es demasiado convincente, según se la vea. Por supuesto que es mejor tener a Mendoza que a Diosdado, a Rosales que a uno de los militares que en el Zulia compiten; pero, la pregunta que hay que hacerse es de quién son esos espacios cuya preservación se pretende.

En no pocas oportunidades lo que se quiere salvaguardar no es un espacio para la sociedad y para la genuina participación ciudadana, sino para los grupos que controlan y quieren _como suele parecer lógico_ conservar el poder en los ámbitos que gobiernan. Es decir, no todos y no siempre admiten que los espacios que de verdad quieren, usando cínicamente a la sociedad democrática, es el que destinan a su operación clientelar, regional o municipal.

La descentralización fue concebida y desarrollada como territorio de la participación social. Ese era su objetivo y su sentido. Sin embargo, dado el freno que experimentó en el gobierno de Caldera y la definitiva parálisis en el de Chávez, ocurrieron algunas mutaciones genéticas indeseables, que convirtieron ciertos ámbitos subnacionales en territorios controlados, no por la ciudadanía, sino por partidos o grupos. Es evidente en el caso de las gobernaciones y alcaldías del Gobierno; pero también ocurre en unas cuantas de la oposición.

Usar a la ciudadanía para preservar el espacio que algún partido o grupo quiere conservar no es, en todo caso, un argumento que merezca ser compartido. En cambio, sí lo es que la participación electoral, en las condiciones propuestas en estas líneas, pueda servir para desmontar el fraude. Ya vendrá el momento en el cual la ciudadanía se reapropie de los espacios que le han sido confiscados ante la perversión de la descentralización.

LA DIRECCION POLITICA. La dirección de este proceso sigue muy débil. En primer lugar, la Coordinadora ha cometido un nuevo error al aplazar una reflexión autocrítica. La desconfianza que la rodea no es, como algunos badulaques estiman, por la existencia de "analistas" (así los entrecomillan) que los critican. Sino por una razón más simple: se equivocaron en la estrategia; los expertos, los que sí sabían negociar, condujeron a esta sociedad a una catástrofe de la cual no se repone; y los mismos, sin una revisión de su papel, siguen tan campantes.

La CD cumplió, en distintos momentos, un rol importante; pero así como Pedro Carmona, Carlos Ortega, Carlos Fernández, Juan Fernández, entre otros, experimentaron las consecuencias de una conducción que no obtuvo la victoria prometida, así la CD debería aprovechar la veteranía que la abruma, no para irse a su casa, sino para proponerle al país un debate a fondo sobre la naturaleza del régimen, sobre los errores cometidos y las enmiendas necesarias.

Por cierto, una de las demostraciones más del envejecimiento político e intelectual de peculiares dirigentes de los partidos opositores es achacarle a los analistas sus propias metidas de pata. Incluso, usan el discurso chavista que descalifica a los que no son "nuevos" para huir del debate.

La dirección real está en manos de los liderazgos regionales y locales, junto a los gobernadores y alcaldes. Eso explica la crisis en el MVR y también las desavenencias en el campo opositor. La unidad no será fácil de lograr; pero, es muy probable que si se dan las e lecciones regionales, la sociedad procure imponerla apoyando al candidato que aparezca con mayores posibilidades de éxito.

Sin embargo, nada de esto ocurrirá si la oposición no genera un inmenso movimiento de masas desde ahora, capaz de organizar a toda la sociedad para la confrontación que implicará votar, quedarse y contar. Como dice Joaquín Marta Sosa, se trata de la creación de "un frente social y político a favor de elecciones con conteo manual y público inmediato para las regionales y municipales; ese frente debe estar formado por grupos de todo tipo (ONG, sociedad civil, deportistas, nacionalizados, artistas, faranduleros, intelectuales, estrellas televisivas, periodistas, políticos... de todos los sectores y en todo el país); en fin, crear una marea política que pueda incluir grandes movilizaciones; es decir, diríamos cuando éramos felices e indocumentados: hacer política de masas con esta materia crucial, porque de que se va a las regionales se va, eso parece fuera de discusión (al menos según oteo el estado del arte a la fecha de hoy)".

LA CONFRONTACION. El proceso de denuncia del fraude con ocasión de las elecciones regionales requiere desde ahora un nivel de movilización social gigantesco. Se trata de contar votos y, como se sabe, el régimen no quiere esta cuenta a menos que de verdad haya ganado, en cuyo caso tiene una ocasión extraordinaria de demostrarlo.

Sin embargo, hay que estar prevenidos, las mentes perversas del régimen ya deben estar formulando el reglamento apropiado para que los ciudadanos no puedan permanecer en los centros de votación; para que el Plan República "despeje la zona"; para que sólo los designados por el CNE puedan presenciar los escrutinios; para que éstos sean en una veintena de centros seleccionados. Es decir, la nueva trampa debe estar en proceso de diseño. No habrá que esperar al 31 de octubre para saber qué va a hacer el Gobierno; por esa razón, si los dirigentes nacionales, regionales y locales se constituyeran con una sola estrategia y unificaran una voz de mando, la batalla, como fue con el RR, sería librada en realidad antes de las elecciones. Se ganaría o perdería antes del 31 de octubre. Tal vez, por eso, sea necesario librarla ahora. Hay que vencer hoy en imponer las reglas para que exista alguna oportunidad de vencer después.

En caso de que el Gobierno amenace creíblemente con impedir la cuenta pública de los votos, apelando a su control de las instituciones legales y militares y a sus tropas de asalto, sólo en ese caso la abstención podría derivar como una consecuencia natural de la confrontación. No antes.

carlosblancog@cantv.net



 
 
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